Abril 11 de 2018

¿Se imagina una organización en la que las personas tengan la capacidad de modificar sus estados emocionales de acuerdo al contexto? Parece que estuviéramos hablando de robots, pero no es así, se trata del término Inteligencia Emocional, que según Daniel Goleman, psicólogo y padre de esta teoría, permite “sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. Además de que le da al individuo herramientas para mejorar su desempeño, garantizar el éxito, facilitar la creatividad, la motivación y la seguridad”.

Teniendo como base la anterior información, estudiantes de pregrado de la Universidad Militar Nueva Granada desarrollaron un estudio de Inteligencia Emocional para aumentar la productividad en la compañía colombiana AR Inmobiliaria; en la investigación se encontró que “más de la mitad de los trabajadores carecían de la motivación necesaria para aprender y mejorar en su empleo, 4 de cada 10 eran incapaces de trabajar en equipo, solo el 19% de los que se esforzaban por alcanzar el nivel requerido para el trabajo demostraban tener suficiente autodisciplina en sus hábitos laborales y cada vez era mayor el número de empresarios que se quejaban de la falta de aptitudes sociales de los nuevos trabajadores”.

Así puede suceder en cualquier organización, por lo que es importante comenzar a evaluar alternativas para mejorar estos indicadores. Una alternativa es la Inteligencia Emocional que, según un estudio de la consultora Hay Group, compañía que desarrolla herramientas y programas que ayudan a la gente a comprender y a mejorar su inteligencia emocional, “un ejecutivo que desarrolla sus capacidades emocionales puede lograr una productividad hasta 127% mayor que uno que no las desarrolla”.

De ahí la razón por la que las organizaciones deberían preocuparse por este asunto, pues aunque una persona sea inteligente, trabajadora y tenga amplia experiencia en su labor, si no tiene un alto nivel de Inteligencia Emocional podría fallar en su relacionamiento con las personas y capacidad de reacción ante diferentes circunstancias.

“No se puede predecir la Inteligencia Emocional en función de lo inteligente que es alguien. La inteligencia es su capacidad de aprender y es lo mismo a los 15 años como a los 50 años. La Inteligencia Emocional, por otro lado, es un conjunto flexible de habilidades que se pueden adquirir y mejorar con la práctica”, afirma en Forbes España Travis Bradberry, experto en Inteligencia Emocional y liderazgo.

Teniendo en cuenta eso, el área de Recursos Humanos tiene motivos para convencer a la alta gerencia de que la inversión vale la pena, pues si bien hay personas que tienen altos niveles de Inteligencia Emocional, hay otras que pueden adquirirlos con el tiempo, con mentorías y capacitaciones al respecto. TalentSmart, principal proveedor mundial de servicios de Inteligencia Emocional, probó este tipo de inteligencia junto con otras 33 habilidades importantes en el lugar de trabajo y descubrió que esta es el mejor predictor de rendimiento y representa un 58% de éxito en las compañías.

Forbes también evidenció que “el vínculo entre la inteligencia emocional y las ganancias es tan directo que cada punto de aumento en esta inteligencia agrega $1,300 a un salario anual. Estos hallazgos son válidos para personas de todas las industrias, en todos los niveles, en todas las regiones del mundo. Todavía no hemos podido encontrar un trabajo en el que el rendimiento y el pago no estén estrechamente ligados a la Inteligencia Emocional”.

A esto agrega que “una vez se entrene el cerebro mediante el uso repetido de nuevas estrategias de Inteligencia Emocional, las conductas aprendidas se convierten en hábitos para los colaboradores de las organizaciones”.

De acuerdo con Goleman, “los trabajadores empiezan a cambiar en el momento en que cobran conciencia de la realidad, especialmente si es desagradable o incómoda, por ello es preciso reconocer el descontento a nivel emocional y el origen del mismo. Esta sintonización de la realidad con el ideal es la que crea el marco de referencia más adecuado para superar la disonancia y configurar un grupo de trabajadores emocionalmente inteligente, resonante, productivo y eficaz”.

Definitivamente, trabajar en pro de la Inteligencia Emocional marca un antes y un después en las compañías. CNN en Español publicó un caso en el que dos organizaciones hoteleras se fusionaron y su gerente de Recursos Humanos, Ana Contreras, no sabía cómo manejar la situación y unificar las culturas, porque carecía de un alto nivel de Inteligencia Emocional, pensaba despedirlos a todos y contratar personas nuevas.

Sin embargo, decidió asesorarse y recibir coaching alrededor de este concepto y al día de hoy tiene una buena relación con sus equipos de trabajo, se comunican efectivamente y no hubo necesidad de reemplazar el personal.

Lo mismo se expone en un estudio de Harvard Business Review (1998) donde se trabajó con dos compañías que se unieron, para esa fusión el área de Recursos Humanos implementó capacitaciones para que los colaboradores aprendieran a reconocer y manejar sus emociones negativas. “Según encuestas provenientes de la Dirección de Recursos Humanos de esta compañía, las quejas por ambiente laboral y los conflictos interpersonales disminuyeron un 70% en seis meses y la productividad aumento un 50%”.

La Inteligencia Emocional no es un concepto nuevo, pero sí una necesidad que cada vez va adquiriendo más importancia, por eso la gerencia de Recursos Humanos debe convencer a sus superiores de que trabajar por ella permite obtener grandes resultados.

¿En su organización se preocupan por aumentar la Inteligencia Emocional? Si aún no lo hacen, este es el momento para iniciar el cambio. Si le interesan estos temas suscríbase a nuestra comunidad y encuentre más información relacionada con este y otros temas cruciales para la gestión de su talento humano.

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