Marzo 22 de 2019

Como uno de los países con economía más desarrollada de Asia, el gobierno y las empresas de Singapur invierten fuertemente en favorecer la inclusión de mujeres y extranjeros.

Singapur es uno de los países económicamente más desarrollados de Asia Sudoriental, gracias a un esfuerzo masivo de las empresas privadas, de la mano de su gobierno nacional. La isla ubicada en la punta de la península malaya no tiene realmente recursos naturales; sus principales ventajas son una ubicación envidiable en el cruce entre India y China, y sus 5,6 millones de habitantes. Casi todos pueden trabajar, lo que hace de Singapur uno de los mercados laborales más incluyentes del mundo.

El carácter particular del mercado laboral de Singapur implica desafíos especiales para su Ministerio de Recursos Humanos (MRH), encargado de dicha regulación. “Como un centro empresarial para todo el sudeste asiático, Singapur atrae gran número de extranjeros”, afirma Germán Cabrejo, internacionalista de la Universidad Externado.

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“En un área tan reducida se encuentran apretujados millones de personas de origen chino, indio, malayo y occidental. La mezcla de culturas, religiones e idiomas hace que trabajar en Singapur sea por definición un espacio incluyente. Es una ciudad global y además un Estado con una situación muy clara”, explica Cabrejo.

Desafíos de gran altura

Aun cuando Singapur es una ciudad-Estado global, tiene grandes desafíos. Como muchos países desarrollados, su población envejece, y el MRH calcula que solo 20.000 ciudadanos singapurenses entran al mercado laboral cada año.

Además, existen otros problemas causados por la llamada “fuga de cerebros” desde países vecinos, notablemente, Malasia e Indonesia. Las restricciones de acceso de mano de obra extranjera son importantes. Los trabajadores extranjeros deben contar con visas de trabajo por cada dos años, en muchos casos propuestos por las empresas que los buscan contratar. Además, existen cuotas máximas en industrias como los astilleros y fábricas, que limitan el acceso de mano de obra extranjera.

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Todas estas lecciones han generado un complejo sistema de restricciones y permisos diferenciados para singapurenses, otros países asiáticos y empleados del resto del mundo.

El Ministerio de Recursos Humanos busca coordinar todas estas políticas para apoyar a la empresa privada en sus actividades. Con cifras de desempleo inferiores al 3% y una población en proceso de envejecimiento, podría decirse que Singapur necesita de todos sus empleados.

De hecho, en Singapur se presenta un caso muy curioso: debido a las restricciones de mano de obra, durante 2018 había más vacantes que personas buscando trabajo.

Por esto, instituciones como el MRH trabajan arduamente para apoyar la inclusión de todas las personas posibles. La presencia de una entidad como el Instituto de Liderazgo de Capital Humano (HCLI, por sus siglas en inglés), del MRH y la Universidad de Administración de Singapur, ayuda a analizar estas dificultades y plantea mecanismos para superarlas.

Una política para la mujer

Un estudio publicado por el HCLI en 2017 revela que todavía existen serias falencias, en especial en la brecha salarial entre sexos. “Solo el 59% de la población femenina está presente en el mercado laboral singapurense. En el caso de los hombres, es un 77%. Esto hace que el mercado femenino sea cada vez más atractivo para los empresarios, ya que permite suplir un gran número de empleos en la industria y el sector de servicios”, revela Benjamin Tien Yong Wong, autor del estudio.

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De la mano con el gobierno singapurense, se han creado políticas que buscan reducir estas dificultades. “El mayor problema está en los sesgos inconscientes de los empresarios y gerentes de recursos humanos. Hemos tratado de disminuir estos sesgos con sugerencias que van desde el uso de términos neutros en los anuncios de ofertas laborales hasta el uso de currículos sin nombres ni fotos, para que se destaquen únicamente las capacidades del oferente, no su nombre”, dice Wong.

A su vez, una de las mayores dificultades está en las condiciones laborales en el país. Los trabajadores de Singapur trabajan en promedio más de 2.400 horas anuales, una cifra entre las mayores del mundo.

“Esto hace que muchas personas decidan abandonar sus trabajos para dedicarse a la familia. La política del Ministerio es favorecer a los empleados para que puedan tener acuerdos con sus empleadores, y permitirles combinar más eficientemente la vida personal y la laboral”, rescata el experto.

Crisol de culturas

Uno de cada cuatro empleados en Singapur nació fuera de la ciudad-isla. “La presencia de multinacionales globales que ubicaron en Singapur sus sedes para Asia sudoriental, y la expansión de las empresas singapurenses y malasias con miras globales, hace que lleguen a la isla cada vez más trabajadores de todo el mundo”, destaca Cabrejo.

Es el caso de STMicroelectronics, una compañía fabricante de piezas electrónicas con sede corporativa en Francia. La organización es una de las principales productoras de microchips en el mundo, y sus principales plantas se encuentran en Singapur.

Pese a que la mitad de sus empleados son extranjeros, la empresa tiene un esfuerzo global para ser integrados rápidamente en la cultura laboral, nacional e, incluso, en el idioma.

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“Valoramos y respetamos las culturas y estilos de vida de nuestros empleados”, dice Antonio Alvarez, gerente de entrenamiento de STMicroelectronics. “Estamos comprometidos con asegurar igualdad de oportunidades y representación de género, edad, raza, discapacidades y nacionalidades en todos los niveles de la organización”.

Este manejo se da desde el inicio de su contratación: cuando los trabajadores que se dirigen a Singapur son seleccionados, reciben un curso rápido de legislación y cultura singapurense. Así mismo, la empresa proporciona cursos de inglés, que se convierte en una lingua franca y disminuye las diferencias culturales entre los empleados que componen su fuerza laboral. Adicionalmente, campañas de integración y una labor firme de Recursos Humanos contra la discriminación hacen que todos se sientan integrados.

En un mundo más globalizado, manejar las expectativas de los trabajadores y administrar sus posibles puntos de choque es un propósito necesario. Así mismo, la entrada de nuevos factores a los mercados laborales aumenta esos posibles puntos de choque. El ejemplo de Singapur abre una posibilidad de análisis para enfrentar estos retos de forma adecuada, y corregir algunos de sus errores.

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